Archivo de marzo de 2005

De gente normal

Parece ser que las aguas vuelven a su cauce y no sólo por ir retornando, poco a poco, al lugar de donde más o menos venía, sino porque también me estoy acercando -más lentamente- al mundo de las personas “normales”. Con lo cual no sé si alegrarme o decepcionarme. Dos detalles, a modo de ejemplo, son significativos: la hora en la que me voy a dormir y la hora en la que como.

Y para llegar a esa “normalidad” he tirado por el retrete convicciones muy importantes: me he apuntado a una ETT.

He salido de esa empresa con la sensación de haberme vendido. Está bien trabajar -y urgente- porque ya no puedo pagar ni facturas ni cafés, pero eso de ir a una ETT… No escribiré acerca de mis odios sobre las ETT’s, pero he participado de su mantenimiento. Y me encantan las preguntas estúpidas que te hacen:
- ¿Cuáles son tus objetivos a largo plazo?
- Morirme, claro.

¿Pero cómo una empresa de trabajo TEMPORAL me pregunta sobre mis objetivos a LARGO plazo?

En fin, que dentro de nada los exámenes de las empresas contratantes, “las pruebas de selección”, en donde me preguntarán acerca del porqué quiero trabajar en esa empresa, a lo que responderé de forma agradable y con una sonrisa en mis labios que quiero labrarme un futuro profesional en esa empresa (duración máxima del contrato TEMPORAL: 3 meses) en crecimiento, que estoy totalmente capacitado para asumir las tareas y responsabilidades de
ese puesto, blablablabla…

Y del dinero no comentaré nada, ya sabemos que trabajamos para labrarnos un futuro y para crecer como personas y como empresa, y nunca por dinero.

¿Os habéis fijado las falsedades que implica el buscar trabajo y trabajar?

La hipocresía es una razón más para afirmar que voy pareciéndome más a una persona, y eso me asusta.

De miedos y recuerdos

Lazo negro

Hasta aproximadamente las nueve de la mañana la única variación de mi día fue el hecho de tener que ir a trabajar en autobús, puesto que los jefes habían marchado a Madrid a intentar vender máquinas y poder así -entre otras cosas- pagarme de una vez por todas.

En el autobús, un compañero de trabajo salta con la noticia: Atentado de ETA en un tren de Madrid; seis o siete muertos. Creo que las palabras que más salieron de mi boca en esos cinco minutos siguientes fueron: “hijos de puta”. Aún así ya me pareció raro que ETA atentara en un tren a esas horas de la mañana: estudiantes, trabajadores e inmigrantes nunca han sido un objetivo militar de ETA. Así que se les había escapado de las manos. El resto del viaje lo realicé en silencio, deseando leer las noticias desde Internet cuando llegara al despacho.

Pero antes de eso nos pasamos por un bar a desayunar. En la televisión empezaban a llegar las primeras imágenes. Era una catástrofe. No recuerdo bien la cifra inicial de fallecidos -creo que estaba sobre los treintaytantos- pero sí recuerdo que en esa aproximada media hora cafetera no dejaban de aumentar y aumentar los muertos. Pasos silenciosos para llegar a la empresa. Lo primero que hice fue poner la radio y visitar las noticias de los principales periódicos de Internet. Estuve así todo el día, hasta que me marché.

Sobre las doce de la mañana la cifra de fallecidos superaba los sesenta. En ese momento fui consciente de que el atentado no era obra de ETA. Además, sobre esa hora, apareció el señor Otegui diciendo que debíamos mirar hacia otro lado para encontrar a los responsables. El terrorismo islamista había entrado ya en un país cansado de terrorismos.

Rabia por las mentiras del gobierno del PP. Si yo, que no sólo no soy político ni nunca lo seré, me di cuenta de que esa barbaridad no podía haberla cometido ETA -se sabía ya que habían explotado 3-4 trenes diferentes, a dos personas por tren y al menos dos más de apoyo me daban una cifra de diez terroristas como mínimo… diez terroristas vascos con controles e investigación y espionaje policiales nunca habrían llegado a Madrid; además de ausencia de llamada de aviso; matanza indiscriminada de trabajadores y estudiantes; palabras del Sr. Otegui, etc…- no entendí por qué el gobierno no sólo lo ocultaba sino que amenazaba a la gente que insinuaba que los malditos atentados podrían llevar la firma de otros grupos terroristas, fundamentalmente el islamista.

Las horas acompañaban al número de fallecidos y a las mentiras y barbaridades varias del gobierno y afines.

Regresé a mi ciudad y fui primero a tomarme un cortado al bar. No recuerdo si llegué a acabármelo. En TVE hacían un debate, con los más idiotas de los expertos, sobre los atentados sobre las 18:30 aproximadamente, y mi grito -fue el último de ese día- de “hijos de puta” marcó la huida y el recogimiento en casa. Un maldito desgraciado, cuyo nombre no quiero recordarlo nunca, del colectivo -afín al gobierno de entonces- “Basta Ya” aseguraba que el responsable de los atentados de Madrid era el tripartito catalán. Como votante catalán -pese a ser realmente ácrata- no admití que me llamaran asesino. Soy anarquista y votante dentro de esta democracia, pero NUNCA admitiré la manipulación política de un muerto. ¡Manipulad a los vivos si sabéis hacerlo, pero nunca manipuléis a un muerto! ¡Eso es de cobardes, de tontos y de hijos de puta!

Tarde/noche, pues, de televisión e Internet. Días después me enteré de una pérdida. Todos perdimos algo el 11 de marzo pero algun@s perdieron mucho más. Siempre digo -y me creo- que hay pocas cosas que me asusten. El no saber cómo actuar delante de cierta gente y en esa situación fue una de esas pocas cosas. Y lo sentí mucho más que ahora -el tiempo es un gran aliado- aunque no significa que no siga pesando -y pagando por ello- sobre mí. Mi solución final frente a lo que me asusta es siempre la huída. Galadriel sabe que aún llevo esa carga en la mochila; Galadriel también sabe que quizás es mejor huir en ocasiones. Perdimos muchas cosas ese día, yo también. Supongo que nunca desaparecerá ese peso, como tampoco lo sucedido en Madrid la mañana de un jueves cualquiera de marzo.

Galadriel

GaladrielGaladriel me susurró al oído. Vino a verme y me ofreció un regalo, un preciado regalo. Habló conmigo sin mover los labios. Tampoco necesité moverlos yo. Y nos entendíamos.

Galadriel me susurró al oído. Palabras profanas y prohibidas. Dijo lo que yo no quería escuchar, aunque temía. Presente, pasado y futuro se mezclaron entre frases atemporales.

Galadriel me susurró al oído. Su destino y el mío se mezclaron en el lodazal de las pasiones. Dolor y placer se abrazaron provocando la explosión del deseo.

Galadriel me susurró al oído. Y la amé, aún lo hago. Ya la había amado antes pero no me había fijado en ella. La consciencia se presentó y el sueño dio por finalizada su obra.

Galadriel me susurró al oído que me amaba. Mis cuerdas vocales no emitieron sonido alguno pero dijeron fuerte y claro “te amo”.

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