Archivo de Diciembre de 2004
El inicio
Esta mañana escribía un e-mail en el que, entre otras muchísimas cosas, explicaba que parecía que la venida profética de mi padre era inminente. Efectivamente, sólo han pasado unas ocho horas y mi padre se ha presentado en mi casa. La mujer con la que vivía está definitivamente en una residencia, esquizofrénica. Él ha decidido regresar a lo que hace cinco o seis años fue su casa. Por fin ha llegado el momento de irme yo.
Aún no me he decidido qué carta tirar. Tengo varias opciones valorables en mi cabeza. Por alguna optaré.
Lo que sí sé es que no estoy muy contento. Y que las cosas ahora sí que no tienen marcha atrás. Y que en breve desapareceré de esta casa. Y que ya no es posible hacer muchas cosas en ella. Y que… no sé que haré mañana.
Fracasos
Me he vuelto a equivocar. Vertí una serie de acusaciones sobrecogedoras y salvajes, probablemente fruto de la situación y las dudas acerca de cómo decir unas noticias. Pero todo era un montaje -ahora que están tanto de moda- para tapar algo que me parece horroroso: el fracaso.
Aún le tengo pánico al fracaso. Lo último para evitarlo ha sido culpar a otras personas de algo que no tienen mucho que ver con este problema. Cuando no me presento a un examen es por miedo a suspender, o por miedo a ir solo, o por miedo a no encontrar el aula, o por ir a hacer el ridículo, o… Pero no acostumbro ni a decirlo ni a admitirlo -nunca delante de un juez, claro. Pasa lo mismo con el resto de mi vida.
Pero la culpa de todo es que he fracasado en ciertos proyectos. No sé si este fracaso continuará en los próximos meses, eso ya se verá, no hace falta la ayuda de nadie, y nunca diré que este cura no es mi padre. Pero es más fácil decir que la culpa de todo -además de tenerla Yoko Ono (¿he leído que Def Con Dos vuelven?)- la tienen los demás que admitir que somos los únicos responsables de nuestros errores.
Wo sind die Schwestern ?
Inyéctame el veneno en las venas, dulcemente. Recita poemas de amor mientras me extirpas los centros de pasión y placer. Quiéreme con el cuchillo en las manos. Decapítame, enérgica, cuando me beses los labios. Destrípame el corazón, cantándome una canción. Sacrifícame con ternura. Acaba con mi vida porque sé que debes hacerlo. Despedaza mi ser y únelo a ti… Sé que es útil.
No hay mayor felicidad que la de creer con ceguera que el dolor es una preciosa embriaguez de placer y necesidad.
Insomne
Creo que la situación de mis sueños es ya preocupante. Y bien he escrito “situación”, no para ubicarlo en un espacio sino en un tiempo. Y es que mis sueños ya no vienen a visitarme cuando deberían de hacerlo. Es cierto que eso de dormir por las noches no es lo mío, así que éste no es el tema de preocupación. Lo preocupante es que ahora ya ni por la mañana me duermo.
Llevo ya algún día con dolor de cabeza, y me voy durmiendo por los sofás. Agotado, me voy a dormir pronto -sobre las 12 de la noche- pero entonces a las 4 estoy en pie. Vueltas, vueltas y revueltas… pero no hay manera. Así que a esperar hasta las 9 o 10 de la mañana. Pero tampoco es que duerma entonces ni 6 ó 7 horas… Probaremos una noche o una mañana más. Si no funciona, ya pasaremos a la marihuana.
Consecuencias

Escoger una u otra carretera indica, principalmente, que nos dirigimos hacia un lugar o uno otro. No espero llegar a Zaragoza si sigo la carretera de Valencia, claro. Y, hundiéndonos más en el tema, hay carreteras, como las autopistas, en las que es difícil volver atrás, salvo usando sus cambios de sentido. Y si el ejemplo es el tren, aún más claro parece la idea: A modo de ejemplo, del trenhotel que hace el recorrido Barcelona-Sevilla por la noche no puedes escaparte una vez pasado Tarragona. Entonces permaneces encerrado hasta Córdoba, momento en el cual uno piensa si regresar atrás o continuar hasta Sevilla. Pero no podemos decidir volver atrás a la altura, por ejemplo, de Albacete, porque el tren no se detiene.
Lo que es realmente obvio, aunque no sea muy amigo de las causalidades, es que la elección de un tren u otro, o una carretera u otra, lleva indudablemente a un destino; o al menos a un destino posible. Y en el camino resulta una tarea árdua el pretender volver atrás. Todos escogemos caminos -o nos lo escogen. Pero esos caminos en ocasiones son excluyentes, así que la elección de uno elimina la posibilidad de otro.
El problema no es el camino que se escoje, tampoco es escojerlo. El problema real es tener que eliminar el resto de caminos para escoger uno. La elección no es el problema (no estoy de acuerdo, Neo); lo es la supresión.
El centro del Universo
Soy el centro del universo. Las estrellas han sido colocadas en sus respectivos lugares por mí. Yo elijo cuándo aparecen las estrellas y cuándo se esconden. Nadie se atreve a levantarme la voz; saben que sus decisiones y pensamientos me pertenecen. Únicamente doy libertad a los elementos del universo cuando me llevan la razón; sólo en ese caso.
Todo sucede en el universo para complacerme. La vida de los astros, planetas y demás participantes de la expansión actúan sólo para mí. Si yo no existiera, los átomos no existirían. Y sé que tengo razón: todos estos elementos existen en cuanto los siento y los hago míos… así que no existe el libre albedrío. Las estrellas no viven por ellas mismas, viven en cuanto las dejo vivir.
Hay gente que también se cree el centro del universo… pero el problema es que no son dioses, como lo puedo ser yo.
Cafés, respuestas, necesidades ocultas e inoportunidades
Pan tostado y nocilla, programas manipuladores de televisión, preocupaciones en la cabeza y deseos… Empieza bien la noche. Me aburriré, eso lo tengo seguro. Empieza la noche y aún en casa… he regresado porque esperaba algo que tampoco se ha dado. Ahora estoy con la duda. Sería mejor quedarme en casa, eso lo tengo muy claro; hacer trabajos, y aprovechar algo la noche… pero ahora tengo ganas de salir, de irme a tomarme unas cervezas…
Ays!… No sé si es que me hago mayor o es que estoy desesperanzado; pienso que tengo que hacer las cosas sin pensar en nadie más y me da un bajón cuando deseo y no encuentro… Será que no acabo de creerme mi propio papel. Es como desear la eternidad y no saber qué hacer un domingo por la tarde.
Cansino
Es realmente fabuloso encontrarse con esa gente que tiene oídos y sin embargo no oye. La hay, no obstante, que sí tiene oídos, y sí oye… pero lo que le falta a ésta es cerebro para procesar la información que les llega. Así sucede con frecuencia en esa gente que no quiere -ni puede- entender opiniones y decisiones ajenas. Y después de unas cuantas explicaciones llega un día en que ya da igual todo. Da igual dar explicaciones. Da igual dar algo. Da igual todo. Y aún buscan explicaciones y justificaciones… Mi perro no me preguntaba por qué no podía seguir a otros perros mientras jugábamos en el parque cuando le gritaba “¡NO!”; simplemente dejaba de perseguirlos y volvíamos al juego de persecuciones entre él y yo. Afortunadamente, el ser humano es superior al perro en inteligencia y en altura.
Y ahora que no tengo perro ya no grito “¡no!”… Me resulta una pérdida de tiempo. Quien tenga oídos que oiga, y quien tenga perro que grite “no”.
Sillones
Días de sillones, de reubicación de ideas, deseos, sentimientos, llantos… Cambios -esperados- de objetivos y reafirmaciones de pensamientos. Pero hay ciertas mareas en mi mente que no me esperaba. No esperaba verme tan convencido para desear hacer ciertas cosas, ni esperaba sentir tanto ciertas otras cosas.
Pero es así. Anudarse y desanudarse. Vestirse y desnudarse. Reír y llorar. Mi estabilidad radica en el cambio más o menos constante. Hay otras cosas más o menos constantes. Y deseo que sigan así. En cambio hay otras… Decisiones. La elección prepara la estabilidad y la estabilidad prepara la elección y, de mientras, las cabezas bailan al son de un ska. Y bailar en ocasiones está bien; en ocasiones no está tan bien; en ocasiones, finalmente, produce mareos. También hubiera estado bien quedarse sentado en el sillón, sin bailar. ¡Que bailen otros!
¿Y qué narices querré decir con este post? ¿Está complicado, eh? Simplemente que tengo deseos, y que quiero verlos realizados. Y que los sillones sean para los reyes y los marqueses.