Archivo de Noviembre de 2004
Reapatías

Dos cosas malas tiene el mes de noviembre: por un lado, me viene el bajón de otoño o el del cumple; por el otro, en el mes siguiente se celebra la navidánavidáfelínavidá. Sin contar con el día de los muertos, que siempre alegra (feliz cumpleaños, Vero!) y el día de San Andrés (feliz cumpleaños, Esther!). Pero no debemos cantar victoria, la parafernalia para comprar la navidad ya ha empezado. Las calles están iluminadas con lucecitas de colores, en ocasiones ponen villancicos o canciones más horteras aún, ¡ya se ven sonrisas en las caras de la gente, qué horror!
Y todo eso para que nos suban el precio hasta de los calcetines… Por si no queda bien claro, adoro la navidad. No sé muy bien qué acabaré haciendo este año… Probablemente intentar sobrevivir a las uvas y a las falsas promesas. Y prometo que el año que viene me cuidaré más.
¿Os habéis dado cuenta de que las personas existen antes de cruzarse por nuestras vidas?
Aprendiendo a escribir
La semana de encierro debe finalizar ya; de lo contrario corro el riesgo de quedarme aquí. La última vez que hice algo parecido me pasé 6 años… Y hay asuntos que requieren de mi participación, debo ponerme en circulación a partir de esta tarde misma.
Entre otras cosas, me quejaba de no hacer absolutamente nada, pero la ilusión me preguntó acerca de esas pocas cosas que hacía. Mi cabeza se puso en marcha y empezó a enumerarme:
Toco la guitarra. Leo. Juego al Myst y al PC Fútbol. Escucho música. La clasifico. Veo pelis malas. Toco el saxo. Limpio la casa. Arreglo mis ordenadores. Escribo. Veo la tele. Hago cafés. No duermo por las noches. Aprendo a escribir…
Y la ilusión me preguntó: ¿Tantas cosas?
Seis años
Hace exactamente 6 años apareció Reni en mi vida. Era pequeño, olía mal y tenía cara de tonto… ¡Perfecto! Intentó ser un regalo inocente pero se convirtió en detonante de una nueva vida. Me vine con él a lo que lleva siendo durante 6 años mi techo. No teníamos absolutamente casi nada aquí. Sólo una vieja y torcida cama, un sucio sofá, un antiguo armario plagado de termitas y polvo, mucho polvo. Una pequeña manta en la chimenea sirvió para montarle un palacete a Reni. Yo me peleé con la vieja cama.
Después de seis años tampoco quiero hacer muchas valoraciones. Estoy aquí, pero no tendría que seguir estándolo. Hace años que debía haber huído. Hace casi tres años debía haber dormido en otra ciudad. Hace años empezaron unas promesas pero, desde Esther, todas han sido, hasta la fecha, no cumplidas. Pero sigo haciéndome promesas y espero que algún día consiga mi objetivo. Y ese objetivo no son las promesas en sí… No soy tan fácil ni de entender ni de tratar. Mi objetivo radica en atreverme a empezar a realizarlas.
Seis años después los sofás y las puertas encuentran a faltar los mordiscos de Reni. En ocasiones también le echo de menos. De todas formas fue mi excusa y compañero durante algún tiempo. En ocasiones también echo de menos eso.
Equivocado
Hablaba de la conciencia en el anterior post… En ocasiones está peleada conmigo y me ofusco en interpretaciones sesgadas e incompletas, por perseguir conspiraciones francmasonas y neognosticistas. Y con un poco de tiempo me doy cuenta de que quizás, sólo quizás, esté totalmente equivocado.
Eso es lo que creo. Estaba obcecado desde antes de mi viaje y éste no resultó ser otra cosa que lo que esperaba, aunque yo mismo creara la realidad de eso que esperaba. Para beneplácito de algunos, afirmo que me he equivocado. Me he equivocado en el objetivo, en el comportamiento y en la conclusión final.
Busco demostrarme algo. Y es un algo que no me llegaría a gustar nunca. Y es un algo que probablemente ni exista, aunque continue buscando. Y es un algo que no me hará ser ni mejor ni más feliz. Y es un algo equivocado y un algo sinsentido. Sólo se me ocurre pedir disculpas y, lo que es mejor aún, aprender de mis errores.
Por lo demás, sigo sin fumar. Ya no cuento las horas, sinó los días. Son 24 días y un poco más. De momento va bien la cosa, aunque con quien peleo más es con el aburrimiento.
Aún duelen las ausencias
No esperaba la gloria, pero tampoco el desespero. Por enésima vez en la vida mi negativa a hacer algo produce otro enfado. Ya no me preocupa. Hoy ya no. He hecho lo que debía, aunque no he dicho todo lo que quería ni de las formas en como quería. Hoy es probablemente la última noche y querían arrebatármela. Por no querer… me la han arrebatado. Mañana será el último día… Me acabo de enterar (5:30 AM) que también me la arrebatan.
Tres días se han convertido en uno y dos medios… A un coste bastante importante. No está mal, yo siempre haciendo negocios rentables. Todo esto ha sido un error, un grave error. ¿Pero qué hubiera pasado si me quedo en casa? Probablemente otro gran error, recriminable por egoísta, pasota, etc.
No sólo debemos luchar por lo que queremos, sino ser conscientes de ello. Me río con las charlas morales sobre lo que uno -ajeno, siempre- debe o no debe hacer. Y la primera persona se olvida por completo de ello cuando “debe” hacer otras cosas… ¡Ah, los deberes! La subjetividad es la madre de la locura.
Hay cosas que no comprendo… pero las acepto. Lo que no acepto es que haya gente que no quiere que pueda llegar a comprender o que me limite o me impida esa comprensión. Me llegan a molestar realmente l@s fals@s e hipócritas. Me sacan de quicio. Se trata de dar todo lo que uno pueda esperando nada o casi nada… Tengo que comprenderlo: un viaje de 7 horas en autobús no es lo mismo que uno de 4 en coche… ¡Ostras! ¿Y 20 horas de tren en sólo tres días por decir “hola”?. Claro que existen las clases sociales… parece ser que mi dinero no vale lo mismo que el de los demás. Orgulloso creo sentirme por eso.
Por el otro lado, sigo esperando un “Felicidades“. Tiene que ser ahora… El año que viene ya no existirán ni oídos ni bocas.
Ausencias
Probablemente una de las cosas que más esperaba en estos últimos tiempos era una llamada, una simple llamada, el sábado. La ausencia de ese detalle ha provocado ciertos bajones y su no ausencia ciertas alegrías ocultas por las primeras. Sólo se trataba de una llamada, era muy importante para mí. No me han servido las llamadas y mensajes al día siguiente; eso era ya inútil. A excepción de ciert@s amig@s, suspenso para el resto. Quizás os quejáis de que me pongo demasiado depresivo cuando llega mi cumpleaños. Vuestra ausencia de éste se sumará al resto de cumpleaños y hará que el año que viene vuelva a estar depresivo. Gracias por colaborar; prefiero seguir pensando que las cosas no cambiarán nunca antes de entender ese cambio.
¿Café?
Pasan los días y las horas. Se acerca de nuevo el inicio y el fin de los ciclos. Aún no sé muy bien si acaba bien o mal, y menos aún si empezaré bien o mal. Lo que sí sé, en principio, es que llegará ese inicio de ciclo, ese inicio de otro año más, como siempre en el mes triste de noviembre. Después de los capuccinos estoy probando el café con Colacao… mmm… No sé, no sé, no acaba de convencerme. Tampoco me convence gastarme 50 € cuando sólo tengo 20… Aun así… rapiñando, rapiñando, ya me faltan menos euros. ¡Qué gracia eso de pedir dinero! A ver si me acostumbro, que es más fácil que tener que trabajar.
¡Mecachis! Ahora ya no puedo acabar de disfrutar con el café con colacao: se me cayó. No sé si es el patosismo que me caracteriza o los nervios en los dedos… Pero iré a por un trapito, no sea que los profundos pensamientos hagan que esto se enganche a la mesa, al cd y al suelo y luego tenga que usar la fregona.
(277 horas sin fumar)